Hidrotoponimia europea (II): vascos, iberos y etruscos tras arqueo-indoeuropeos

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La primera capa hidrotoponímica de Hispania es claramente indoeuropea, tanto en territorios ocupados por indoeuropeos a la llegada de los romanos, como en aquellos ocupados por no indoeuropeos.

Entre los pueblos indoeuropeos, el paradigma tradicional – arrastrado en textos tipo Wikipedia hasta nuestros días – ha sido clasificar sus lenguas como “pre-celtas” a pesar de su fonética no céltica (especialmente la -p- inicial), como consecuencia de la presencia de los mismos topónimos en áreas ocupadas por celtas (e.g. Parisii, Pictones, Pelendones, Palantia); o peor aún simplemente como “celtas”, como consecuencia del famoso componente -briga o similares. Esta visión era evidentemente insostenible a finales del siglo XX, pero hoy en día es sencillamente anacronística.

NOTE. Dado que indoeuropeos y no indoeuropeos del occidente europeo muestran fuertes cuellos de botella del cromosoma Y bajo el haplogrupo R1b-P312, los mapas de este post muestran la evolución de grupos culturales junto con componentes ancestrales de las muestras antiguas de ADN. La serie de mapas de migraciones prehistóricas (en inglés) también contiene mapas de ADN-Y y ADNmt.

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Superior izquierda: Llegada de campaniformes de habla indoeuropea y probable disrupción de la comunidad ancestral vasco-ibera (ca. 2500 en adelante). Superior derecha: mapa con ADMIXTURE de ADN antiguo. Llegada de componente ancestral centroeuropeo (“estepa”, representada aproximadamente por el color azul), con otros componentes aún prevalentes, incluyendo también de forma aproximada Neolítico Anatolio (marrón), cazador-recolector europeo occidental (rojo), y esporádicamente norteafricano (violeta). Nótese la alta proporción de componente centroeuropeo en el centro y norte de Iberia. Véase mapas completos incluyendo ADN-Y y ADNmt. Inferior: PCA con campaniformes y otros casos coetáneos.

Arqueo-indoeuropeos

Aunque la naturaleza indoeuropea no céltica del lusitano is hoy caso cerrado, la naturaleza de las lenguas “pre-celtas” habladas por cántabros, astures, pellendones, carpetani y vettones todavía es discutida, debido a la falta de material con el que trabajar.

Lusitano-galaico

De Hacia una definición del lusitano, por Vallejo (2013):

Me consta que sigue siendo válida la delimitación del área geográfica fijada por Tovar, determinable básicamente por los documentos directos conocidos, es decir, las inscripciones tradicionalmente aceptadas (las clásicas de Lamas de Moledo, Arroyo de la Luz y Cabeço das Fráguas, además de la nueva de Arroyo y la reciente de Arronches; cf. fig. 1), a las que bien podrían sumárseles algunas otras: la nueva inscripción bilingüe de Viseu forzosamente nos obliga a considerarla como indígena, por contener términos que pertenecen al fondo de la lengua y no solo a la onomástica (me refiero al nexo igo y a los apelativos deibabor y deibobor). En virtud de esta nueva incorporación, podemos considerar también indígenas otros textos aunque no incluyan léxico común (cf. fig. 1, inscripciones 7 a 22), en la confianza de que bastantes escribas lusitanos estaban conscientemente mezclando dos registros lingüísticos (code switching), uno para referirse a las divinidades (para las que usaron frecuentemente flexión indígena) y otro para los antropónimos (siempre con flexión latina).

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Izquierda: Culturas del Bronce Temprano en Iberia (en rojo, probables grupos indoeuropeos; en verde, probables grupos no indoeuropeos). Derecha: ADMIXTURE no supervisado de casos de ADN antiguo. Véanse mapas completos incluyendo ADN-Y y ADNmt.

En primer lugar, llama la atención que a este perfil geográfico que dibujan los textos le corresponden en distribución casi exacta grandes series de antropónimos y de teónimos.* Entre los abundantes nombres de persona podemos destacar aquellos con un gran número de repeticiones cuya aparición se circunscriba a nuestra región (ver fig. 2). Algunos de ellos son verdaderamente frecuentes y carecen de paralelos en el exterior, como la raíz Tanc- / Tang- (de Tanginus) con nada menos que 130 atestiguaciones, o Tonc- / Tong- (de Tongius o Tongetamus) con 70. Otros muestran también cifras suficientemente representativas como Camalus y Maelo (con 46 repeticiones cada uno), Celtius (con 29) Caturo o Sunua (con 23), Camira (con 22), Doquirus (con 20), Louesius (con 18), Al(l)ucquius (con 17) o Malge(i)nus (con 16). De acuerdo con estas cantidades, no parece que nos encontremos ante apariciones casuales de nombres, teniendo en cuenta que el azar tiende a reducirse al mínimo en la península ibérica desde que podemos manejar fácilmente todo el corpus peninsular. A su vez, Reue, Bandue, Nauiae o Crougiae son los teónimos que mejor representan al área lusitano-galaica, coincidente en lo fundamental (fig. 3) con la que nos habían dibujado tanto la antroponimia como los textos, aunque con menor cantidad de ejemplos.

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Superior izquierda: inscripciones lusitanas (largas y cortas); superior derecha: Mapa de distribución de las estatuas-menhir y las estelas del suroeste, by Rodríguez-Corral (2014) [(1) la presencia de estelas en la Beira Alta y Tras-os-Montes (Portugal) y Orense (Galicia, España); (2) el encuentro en un mismo paisaje noroccidental entre estatuas-menhir noroccidentales y estelas del suroeste; y (3) la hibridación de ambas en una misma forma material (estela/estatua-menhir de Pedra Alta).]; Inferior izquierda: Lusitanian teonymy; inferior derecha: Lusitanian anthroponymy.

*La otra subdivisión de la onomástica, la toponimia, presenta dificultad en la elaboración de series, por las escasas repeticiones de segmentos, una vez eliminado el elemento universal -briga.

Pero no solo son estos grupos de nombres y de raíces los que nos ayudan a definir una gran área noroccidental, sino que, como he tenido ocasión de mencionar en otros lugares, pueden también añadirse algunos fenómenos onomásticos que comparten una distribución similar: la desinencia -oi (con una asimilación en -oe / -ui) de dativo singular teonímico, la desinencia -bo de dativo plural, la presencia del sufijo formador de nombres -aiko-, además de otros rasgos fonéticos como el paso de e > ei en la antroponimia, la reducción ug > u o el paso de w > b.

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El aislamiento genético en el noroeste de Iberia en muestras modernas (norte de Portugal / sur de Galicia) es mayor que en otras regiones de Iberia, formando diferentes grupos ancestrales que se dividen antes del resto (incluyendo vascos). Imagen de Bycroft et al. (2018). Véase video explanatorio de Carracedo.

Cántabro-astures

De El concepto de área onomástica: el caso de los astures, por Vallejo (2013):

(…) en primer lugar, parece que nos encontramos ante un área onomástica propia, definible por una serie de nombres y de sufijos que se repiten allí de forma exclusiva o mayoritaria. Esta área no parece corresponderse con lo que sabemos de la onomástica lusitano-galaica ni tampoco de la astur más costera; igualmente se diferencia del área celtibérica, con la que no tiene puntos en común. De esta manera, y siempre en el terreno conjetural, podríamos hallarnos ante una lengua indoeuropea no celta diferente del lusitano.

Una peculiaridad que habrá que investigar es la presencia de un corredor fronterizo excesivamente ancho, donde no predominan los nombres de los astures meridionales (augustales), pero tampoco los de los astures septentrionales (transmontanos). De igual modo, tendremos que ver el alcance de la hipótesis de que pudo existir una lengua quizá diferenciada de la hablada en las zonas lusitana, galaica o celtibérica; la menor riqueza documental de la zona astur transmontana hace más difícil asegurar que no es la misma área lingüística que la que aislamos entre los astures augustales.

En cualquier caso, de Hoz, aun teniendo en cuenta la dificultad de una afirmación de este tipo, señalaba ambiguamente que podríamos encontrarnos ante lenguas diferentes29. Por otro lado, la inexistencia de textos directamente transmitidos por este pueblo deja sin una confirmación definitiva al argumento de que se trate de una región diferenciada lingüísticamente, pero no lo invalida en absoluto. Estos inconvenientes obligan a dejar en suspenso la caracterización exacta de nuestra área, a la espera de avances en el terreno de la epigrafía y de la metodología.

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No indoeuropeos

Los siguientes son principalmente fragmentos de Villar (2007, 2014):

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Lenguas, genes y culturas en la Prehistoria de Europa y Asia suroccidental (2007). Compra el elibro (o la versión impresa, si está disponible).

Vascos

Antroponimia

La información proporcionada por los topónimos e hidrónimos por una parte y los antropónimos por otra es de valor histórico indudable en ambos casos, pero de significación específica diferente. Los antropónimos reflejan la situación presente en el momento en que personas vivas los estaban utilizando. Es un terreno muy sensible a los cambios sociales de toda índole, que llega a su máximo nivel cuando se produce un cambio de lengua.

(…) el inventario antroponímico prerromano del País Vasco y Navarra indica que en el momento anterior a la llegada de los romanos la lengua hablada (reflejada en los nombres utilizados) era indoeuropea en los territorios caristio, várdulo y autrigón, mientras que en territorio vascón (sobre todo en la actual Navarra) la mayoría de los hablantes elegían nombres ibéricos. En territorios del actual País Vasco sólo una proporción estadística insignificante elegía nombres euskéricos, mientras que en Navarra lo hacía una parte minoritaria de la población. Así estaban las cosas hacia el s. iii a. C.

Hidro-toponimia

Las ciudades y los ríos no están sometidos al efímero ciclo vital de los humanos. Los ríos tienen ciclos larguísimos que rebasan con mucho la experiencia no ya de los individuos sino de las lenguas y las culturas. Las ciudades son en general también muy estables, aunque circunstancias sociales hacen que de vez en cuando una sea abandonada o destruida, mientras que otras nuevas se crean de tarde en tarde. Eso hace que los nombres de los ríos y de las ciudades no estén sometidos a las modas ni se cambien con frecuencia. Tampoco un cambio de lengua supone una renovación de la hidronimia y la toponimia precedentes.

Los hablantes de las nuevas lenguas incorporadas a un territorio aprenden de los nativos el sistema hidronímico y toponímico, produciéndose lo que llamamos la «transmisión toponímica». (…) requiere que haya un contacto prolongado entre la población autóctona y los nuevos ocupantes, que sólo puede darse cuando la población autóctona no es aniquilada de manera rápida y radical.

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Superior izquierda: Culturas del Bronce Medio en Iberia (en rojo, probables grupos indoeuropeos; en verde, probables grupos no indoeuropeos). Superior derecha: ADMIXTURE no supervisado de casos de ADN antiguo. Véanse mapas completos incluyendo ADN-Y y ADNmt. Inferior: PCA con grupos de la Edad del Bronce.

Los datos onomásticos antiguos del País Vasco y Navarra pueden resumirse así:

  • la hidronimia antigua, el componente onomástico de más larga durabilidad no es euskera, sino indoeuropea en su totalidad.
  • La toponimia antigua, que le sigue en durabilidad, es también indoeuropea en su totalidad, excepto Poampaelo (actual Pamplona) y Oiarso (actual Oyarzun).
  • Y en la antroponimia, que refleja la lengua utilizada en el momento en que esos nombres estaban en uso, es también masivamente indoeuropea, aunque hay entre un 10% y un 15% de antropónimos con etimología euskérica.

(…) los datos existentes muestran que, mientras que en época romana en Hispania no había más que un par de topónimos en los límites pirenaicos y una decena de antropónimos de etimología euskérica, en Aquitania había una abundante antroponimia de esa etimología.

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Izquierda: Culturas del Bronce Tardío en Iberia (en rojo, probables grupos indoeuropeos; en verde, probables grupos no indoeuropeos). Derecha: ADMIXTURE no supervisado de casos de ADN antiguo. Véanse mapas completos incluyendo ADN-Y y ADNmt.

Ese conjunto de hechos se compadece mejor con una hipótesis que postulara una infiltración tardía de ese tipo de población desde Aquitania, que en el momento de la conquista romana hubiera tan sólo alcanzado a establecer una cabeza de puente, consistente en pequeño núcleo de población en Navarra y el Alto Aragón y nada más, excepto algunos individuos aislados en las actuales provincias de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa. La ausencia casi completa de topónimos antiguos de etimología euskérica quedaría de esa manera explicada con claridad: los euskaldunes, recién llegados y aún en escaso número, no habrían tenido la posibilidad de alterar todavía en profundidad el acervo toponímico previo a su llegada, que era indoeuropeo.

No es nueva la idea de una euskaldunización tardía de una parte de esos territorios, en la primera Edad Media o la tarda Antigüedad. Ya en los años ’20 M. Gómez Moreno decía sobre las modernas provincias vascongadas, con el distrito de Estella en Navarra, que «la nomenclatura personal admite comparaciones de valor definitivo, probatorias de que allí vivían gentes de raza cántabro- astur [que para Gómez Moreno era indoeuropea], sin el más leve rastro de vasquismo perceptible». Para él, el primer pueblo indoeuropeo en penetrar en la Península habría sido el ligur, del que procederían cántabros, astures, vénetos, lusitanos, tormogos, vacceos, autrigones, caristios y várdulos.

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Izquierda: Grupos prerromanos en Hispania (en rojo/marrón, grupos indoeuropeos; en rosa, griego; en amarillo, fenicio; en verde, probables grupos no indoeuropeos; el tartesio está discutido). Derecha: ADMIXTURE no supervisado de casos de ADN antiguo. Véanse mapas completos incluyendo ADN-Y y ADNmt. Inferior: PCA con grupos de la Edad de Hierro.

Aquitania

Si, como hemos dicho más arriba, los hablantes de euskera comenzaron a entrar en la Península Ibérica desde el otro lado de los Pirineos tan sólo a partir de la época romano-republicana, para ir intensificando su presencia en los siglos siguientes, hay que suponer que al norte de los Pirineos estaban ya antes de esas fechas. Y, en efecto, la existencia de esa abundante antroponimia euskérica demuestra que en los primeros siglos de nuestra era, mientras que los euskaldunes en la Península eran muy escasos en número, en Aquitania su población era abundante.

De manera provisional podemos adelantar que sus hidrónimos son también conocidos en otros lugares de Europa y fácilmente compatibles con etimologías indoeuropeas (Argantia, Aturis, Tarnes, Sigmanos); y entre los topónimos son también numerosos los que resultan compatibles con etimologías indoeuropeas no galas, o no necesariamente galas (Curianum, Aquitania, Burdigala, Cadurci, Auscii, Eluii, Rutani, Cala-(gorris), Latusates, Cossion, Sicor, Oscidates, Vesuna, etc.).

Además de esos topónimos que clasificamos como genéricamente indoeuropeos, hay no pocos celtas (Lugdunum, Mediolanum, Noviomagos, Segodunon, Bituriges, Petrucorii, Pinpedunni), varios latinos (Aquae Augustae, Convenae, ad Sextum, Augusta) e incluso algunos híbridos celto-latinos (Augustonemeton, Augustoriton). En cambio apenas hay nombres, ni seriados ni no seriados, que tengan una posibilidad razonable de ser explicados por etimología euskérica (Anderedon podría ser uno de ellos).

En consecuencia, el panorama onomástico de Aquitania no es compatible con la posibilidad de que el euskera sea el «elemento primordial» tampoco allí. Por el contrario es compatible con la hipótesis de que también en Aquitania hayan llegado tarde, cuando la hidro-toponimia estaba ya constituida. Ellos debieron euskerizar a toda o parte de la población precedente, que pasó a usar en gran medida la antroponimia euskaldún. Pero la toponimia anterior permaneció y la euskaldunización debió verse pronto interrumpida por la celtización primero y la romanización después.

Pero por desgracia la Lingüística no dispone de medios para establecer el momento de esa llegada en términos de cronología absoluta. Por lo demás, esa hipótesis no es incompatible con algunas peculiaridades en la frecuencia de ciertos genes de la población euskaldún169. En efecto, hoy se tiende a atribuir dichas peculiaridades a la acción conjunta de la deriva genética y el aislamiento; a lo que acaso podríamos añadir un cuello de botella en la población fundacional euskadún que un día se estableciera en Aquitania.

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Aquitanos y tribus vecinas alrededor de los Pirineos, tal y como fueron descritas por los romanos (ca. siglo I a.C.). El idioma vascón probablemente se expandió al sur y oeste de los Pirineos en territorio de habla indoeuropea durante el periodo romano. El término “Vascones” sólo se aplicó a tribus de habla vascónica durante el medievo. Mapa modificado de la imagen por Sémhur de Wikipedia.

Predicción genética en 2011

Así es como Francisco Villar veía lo que podía pasar con la genética de los vascos en 2007, basándose en la similitud con los vecinos ibéricos y franceses, y en la intrusión tardía del idioma en su territorio actual:

(…) por desgracia la Lingüística no dispone de medios para establecer el momento de esa llegada en términos de cronología absoluta. Por lo demás, esa hipótesis no es incompatible con algunas peculiaridades en la frecuencia de ciertos genes de la población euskaldún169. En efecto, hoy se tiende a atribuir dichas peculiaridades a la acción conjunta de la deriva genética y el aislamiento; a lo que acaso podríamos añadir un cuello de botella en la población fundacional euskadún que un día se estableciera en Aquitania.

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Indoeuropeos, iberos, vascos y sus parientes (2014). Compra el elibro (o la versión impresa, si está disponible).

También Villar, en 2014:

En la hipótesis que yo propongo, los futuros hablantes de euskera se habrían asentado inicialmente en Aquitania, en donde se habría estado produciendo una inevitable difusión genética con las poblaciones [de primera etapa] preexistentes. En cambio, al País Vasco y Navarra habrían comenzado a llegar hablantes de euskera desde Aquitania tan sólo a partir de la época romana (sólo un par de topónimo euskeras, al menos uno de ellos de reciente cuño; escasez de antropónimos de etimología euskera). La parte de esas poblaciones que se mezclaron con las arqueo-indoeuropeas pre-existentes (nombres indoeuropeos de los ríos; generalidad indoeuropea de la toponimia) vieron cómo la singularidad de sus haplogrupos, si es que la hubo, se diluyó haciendola difícilmente distinguible del fondo general; incluso, al ser minoritaria, pudo perderse como resultado de una deriva genética adversa.

Olalde et al. (2019) confirmó esta hipótesis de que los vascos modernos son muy parecidos a los indoeuropeos investigados en Iberia (como los celtíberos del País Vasco):

Para la Edad del Hierro, documentamos una consistente tendencia al incremento del componente europeo central y nórdico con respecto a la Edad del Bronce precedente. Este incremento fue del 10 al 19% (intervalos de confianza del 95% aquí y en los datos que siguen) en 15 individuos a lo largo de la costa mediterránea donde se hablaban lenguas ibéricas no indoeuropeas; 11 a 31% en dos individuos del sitio tartésico de La Angorrilla en el suroeste, con atribución lingüística incierta; y 28 a 43% en tres individuos de La Hoya en el norte donde probablemente se hablaban lenguas celtíberas indoeuropeas. Esta tendencia documenta un flujo genético hacia Iberia durante el Bronce Tardío o la Edad del Hierro Temprana, posiblemente asociada con la introducción de la tradición de los campos de urnas.

Los vascos modernos muestran por tanto, paradójicamente, una genética similar a invasores indoeuropeos recientes de la Edad del Hierro (probablemente los ancestros de los celtíberos), lo que confirma la hipótesis de cuellos de botella / efectos fundador seguidos de un aislamiento muy reciente de la población:

(…) el perfil genético de los vascos modernos que hablan la única lengua no indoeuropea de Europa Occidental [] se solapa genéticamente con poblaciones de la Edad de los Metales, mostrando niveles sustanciales de componente de estepa.

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Superior izquierdo: Periodo romano en Hispania. Superior derecho: ADMIXTURE no supervisado de casos de ADN antiguo. Véanse mapas completos incluyendo ADN-Y y ADNmt. Inferior: PCA con grupos de la Edad del Hierro. Nótese el incremento en componente de estepa en el norte, asociado con la llegada (en el Bronce Tardío/Hierro Temprano) de migrantes centroeuropeos.

Iberos

Para el ibero las circunstancias de análisis son menos favorables. No obstante podemos observar en la toponimia antigua de las zonas típicamente ibéricas (el Levante español y Cataluña) una considerable proporción de toponimia de etimología indoeuropea, frecuentemente idéntica a la que F. Villar (2000) ha llamado «meridional-ibero-pirenaica». En realidad, su presencia en el Levante no es sino su continuación desde Cataluña hacia el Sur a lo largo de la costa mediterránea. He aquí algunos ejemplos: Caluba, Sorobis, Uduba, Lesuros, Urce / Urci, Turbula, Arsi / Arse, Asterum, Cartalias, Castellona, Lassira, Lucentum, Saguntum, Trete, Calpe, Lacetani, Onusa, Palantia, Saetabis, Saetabicula, Sarna, Segestica, Sicana, Turia, Turicae, Turis.

Compatibles con la etimología indoeuropea pueden ser también Blanda, Sebelacum, Sucro, Tader, Sigarra, Mastia, Contestania, Liria, Lauro, Indibilis, Herna, Edeta, Dertosa, Cesetania, Cossetani, Celeret, Bernaba, Biscargis, (…)

Finalmente, en otros topónimos hay componentes indoeuropeos en sintagmas toponímicos híbridos, como:

1. orc- / urc-: Orceiabar, Urcarailur, Urceatin, Urcebas, Urcecere, Urcescer, Urceticer.

2. Il-: Iltukoite, Iluro (3), Ilurci, Ilorci, Ilurcis, Ilucia, Iliturgi, Ilarcurris, Iluberitani, etc.

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Ejemplos como ésos demuestran que en Cataluña y el Levante español el ibérico no es la lengua del substrato más profundo identificable, sino que se debió instalar allí cuando había previamente una lengua indoeuropea que había creado una red considerable de topónimos e hidrónimos que podemos reconocer y sobre la que el ibérico se asentó a manera de superestrato. La preexistencia de una lengua indoeuropea en la zona históricamente ibérica se corrobora además por el hecho de que sus hidrónimos antiguos son todos indoeuropeos, con excepción de un solo río que tiene un nombre que se supone ibérico: el Iberus (Ebro)175, del que obviamente tomaron su nombre el país y sus habitantes. Sin duda ib- era un apelativo para río, de modo que en la lengua que creó ese hidrónimo el Iber debió ser simplemente «el río». Pero veremos en el cuerpo de este trabajo que ib- está en diversos lugares fuera de la Península Ibérica como apelativo para «río», lo que nos obligará a replantear su supuesta filiación ibérica. Pero el Iberus tuvo otro nombre, Elaisos, cuya etimología es compatible con la indoeuropeidad. Como sabemos con certeza que detrás de los iberos no llegó a ese territorio ningún pueblo indoeuropeo más que los romanos, los indoeuropeos creadores de esa hidronimia han tenido que estar allí antes que los iberos. Y su antigüedad debe ser considerable ya que, como ya hemos dicho, la gran mayoría de sus hidrónimos (Alebus, Caluba, Lesuros, Palantia, Saetabis, Sigarra, Sucro, Tader, Turia y Uduba, Elaisos) pertenece a esa lengua indoeuropea, anónima por no haber dejado textos escritos ni haber tenido continuidad histórica.

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Incripciones de Hispania ca. II-I c. a.C. Cuadrados violetas representan inscripciones celtíberas, círculos azules inscripciones iberas. Imagen modificada de Hesperia – Banco de datos de lenguas paleohispánicas.

Villar (2014):

No siempre que una lengua se asienta en un territorio consigue erradicar definitivamente las preexistentes. Incluso un sistema político tan unitario y unificador como fue el romano no consiguió erradicar el euskera. Y actualmente en Hispanoamérica, a pesar del dominio cultural aplastante del español, a pesar de los medios para la escolarización de una sociedad moderna, a pesar de los medios de comunicación, se habla una multitud de lenguas pre-colombinas que coexisten con la lengua de cultura, la única que se escribe en esos países. En esas situaciones, que se pueden prolongar mucho en el tiempo, conviven individuos que sólo hablan la lengua de nueva imposición, otros que hablan sólo la lengua que se ha resistido a desaparecer y otros que hablan las dos, en un amplio marco de bilingüismo. Mi propuesta es que algo similar a eso debia ser el territorio ibérico a la llegada de los romanos: Una lengua de cultura, el ibero, diversificada en dialectos locales más o menos alejados coexistía con varias lenguas anteriores, igualmente diferenciadas desde el punto de vista dialectal. Eso explica la irrupción en los textos ibéricos de antropónimos no ibéricos y, sobre todo, la existencia allí de una hidro-toponimia arqueo-indoeuropea que se había mantenido en uso no sólo por haber sido trasmitida a los hablantes de ibero sino también porque sus usuarios nativos continuaban presentes.

Etrusco

(…) en el conjunto de Italia hay una considerable colección de topónimos e hidrónimos de tipo «hispano-meridional», cuyo inventario conjunto hemos aportado más arriba. De ellos se encuentran en Etruria Ause, Veturris / Bituriza, Castola, Hasta, Cortona, Luca, Minio, Osa / Ossa, Pissai, Pistoria. Los correlatos hispanos e italianos de esos nombres son:

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Sin embargo, el inventario de topónimos e hidrónimos antiguos de Etruria compatibles sin violencia con etimologías indoeuropeas bien conocidas es mucho más amplio: Albina, Alma, Alsium, Arnine, Arnos, Arnus, Aventia, Marta, Pallia, Umbro, Vetulonium, Volsinii. Por lo demás, la mayoría de los hidrónimos de Etruria tiene etimología indoeuropea no latina: Albina, Alma, Arnine, Arnos, Arnus, Auser, Aventia, Marta, Minio, Osa, Ossa, Pallia, Umbro. Y muy pocos de los restantes (Clusinus, Cremera, Lingeus, Trasumenus, Vesidia) podrían revindicar una etimología etrusca, si es que puede hacerlo siquiera uno.

En resumen, el territorio ocupado por los etruscos presenta una situación hidro-toponímica muy similar a la del resto de Italia y de Europa Occidental: exhibe un estrato toponímico muy profundo de carácter indoeuropeo al que pertenecen la mayoría de los hidrónimos atestiguados en la Antigüedad. Como conocemos la historia de Etruria a partir de finales del I milenio a. C. y sabemos que entre los etruscos y la romanización del territorio no medió la presencia de ningún pueblo indoeuropeo, hemos de concluir que esa toponimia antigua estaba ahí antes que los etruscos llegaran o emergieran en ese lugar. Y, cuando los etruscos se establecieron allí, no tuvieron la oportunidad de poner nombres de su lengua a los ríos en general, porque éstos ya los habían recibido de un pueblo anterior y los etruscos se limitaron a aprenderlos, adaptarlos a su lengua y trasmitirlos a su vez a los romanos. Cuando éstos romanizaron Etruria se limitaron a su vez a incorporar esos nombres y adaptarlos al latín.

Relacionado

Hidrotoponimia europea (I): el substrato arqueo-indoeuropeo y su cronología relativa

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Estos primeros dos posts sobre hidro-toponimia hispánica contienen fragmentos principalmente de Indoeuropeos, iberos, vascos y sus parientes, por Francisco Villar, Universidad de Salmanca (2014), pero también materiales de Lenguas, genes y culturas en la Prehistoria de Europa y Asia suroccidental, por Villar et al. Universidad de Salamanca (2007). Recomiendo su lectura a cualquier interesado en la historia de los pueblos prerromanos de Hispania y Europa Occidental.

NOTE. Ambos libros ofrecen información detallada sobre la hidrotoponimia de otras regiones, como el norte de Europa, el Egeo u Oriente Medio, con información sobre Asia, aparte de datos genéticos (obsoletos), pero su principal objetivo es evidentemente la Prehistoria de Hispania y regiones vecinas como Francia, Italia, o el norte de África.

Aquí dejo sólo unos fragmentos (énfasis mío), acompañados de imágenes de ambos libros.

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Indoeuropeos, iberos, vascos y sus parientes (2014). Compra el elibro (o la versión impresa, si está disponible).

Krahe y el europeo antiguo

La investigación del “europeo antiguo” o Alteuropäisch, popu
The investigation of “Old European” or Alteuropäisch, popularized by Krahe, began precisely with the study of some toponyms and personal names spread all over Europe, previously considered “Ligurian” (by H. d’Arbois de Jubainville and C. Jullian) or “Illyrian” (by J. Pokorny), with which those linguistic groups – in turn badly known – were given an excessive extension, based only on some lexical coincidences.

Éste es un comentario del autor sobre Krahe, cuyas opiniones desfasadas son frecuentemente usadas en contra de sus datos compilados, lo que encuentro paradójicamente aplicable a los datos recogidos por Villar y a su asignación tentativa de una cronología absoluta asociada a su cronología lingüística relativa – incluyendo la expansión de un indoeuropeo “Mesolítico” vs. un vasco-ibero “Neolítico” vs. celta de la Edad del Bronce – cuando está claro hoy que la secuencia de eventos fue mucho más tardía que eso:

Está muy extendida en la actualidad una postura despectiva y globalmente descalificadora a todo lo que suena a alteuropäisch y a Krahe, a veces sin la necesaria discriminación entre las diferentes hipótesis, o ni siquiera entre datos e hipótesis. No es justo que se descalifiquen en un solo juicio simplista la versión de H. Krahe y la de W. P. Schmid como si fueran una misma cosa. Pero es un dislate mayor minorar el valor de los datos hidro-toponímicos de Europa por el mero hecho de que Krahe les atribuyera una explicación histórica inverosímil. Los datos son reales y siguen necesitados de una adecuada explicación dentro de un marco histórico real, a pesar de la inviabilidad de la explicación de Krahe.

Con eso llegamos a un punto que me interesa destacar. Entre los alérgicos a todo lo que suponga desviarse un ápice del paradigma de la indoeuropeización a suceso único va ganando terreno una actitud que consiste en considerar que esa hidro-toponimia ha sido introducida en las diversas regiones de Europa y Asia Suroccidental por las propias lenguas indoeuropeas que aparecen históricamente ocupando su suelo. H. Krahe había argumentado sólidamente contra esa posibilidad, por lo que ahora me ahorraré una refutación de mayor calado y me limitaré a señalar algunas dificultades que esa postura se ve obligada a afrontar.

salo-salano
Sala, Sala, Sala, Sala, Sala, Sala, Sala, Sala, Sala, Sala, Sala, Salaca/Salis, Salaceni,
Salacia, Salacia, Salaeni, Salam, Salandona, Salangi, Salangi , Salaniana, Sãlantas,
Salapa, Salapeni, Salaphitanum, Salapia / Salpia / Salapina palus / Salpe, Salar, Salara, Salarama,
Salarbima, Salariga, Salars, Salas, Salat, Salauris, Salcitani, Sale, Sale, Sale, Sale
stagnum, Salecon, Saleia, Salentina, Salentini, Salernum, Salerni, Sales, Sali, Salia, Salia,
Salica, Salica, Salice, Salii, Salija, Salinẽlis, Salìnis, Salìnis, Salìnis, Salìnis, Salinsae, Salionca,
Salius, Salō, Salō, Saloca, Salodurum, Salona, Salonae, Salonenica, Salonia, Saloniana,
Salonime, Salonium, Salontia, Saluca, Salum, Salum, Salunatasi, Saluntum / Salluntum,
Salùpis, Sãlupis, Salur, Salurnis, Selepitani, Sõlis.

Los defensores de esa alternativa tienen que asumir que el proceso de dialectalización que, antes de las migraciones desde la Urheimat fue separando las distintas ramas indoeuropeas, afectó en el aspecto fonético al vocabulario apelativo general de cada una de ellas pero dejó inalterada en su estado fonético predialectal la hidro-toponimia, así como una buena parte del léxico apelativo relacionado con los conceptos de «río, agua» y las diferentes cualidades de las corrientes de agua. Por ejemplo, según los participantes de esa opinión el Palantia hispano de zona vaccea sería en realidad celta, pero en ese nombre no habría sido de aplicación la pérdida de la /p/ inicial que caracteriza al celta. De igual forma, la hidro-toponimia en Germania queda en buena medida exenta de la Lautverschiebung, en Grecia de la pérdida de /s/ inicial, etc. Esos nombres no sólo dejan de sufrir las innovaciones dialectales correspondientes a sus zonas, sino que a veces presentan innovaciones diferentes a la característica del dialecto involucrado. Por ejemplo la palabra *mori «mar, agua estancada» presenta a veces en la hidro-toponimia de la Galias la forma *mari en vez de *mori propia del celta (Marantium, Marisanga, Marsus), lo que en marco del paradigma ha de ser inevitablemente interpretado com una innovación no celta.

wako-wogo
Relación geográfica potencial entre variantes a prior no relacionadas gráfica-fonéticamente.

Quedan sin explicación los nombres de esta naturaleza que aparecen en zonas donde no existió nunca una lengua indoeuropea histórica prerromana, como ocurre en el Norte de África, Arabia Felix o el Cáucaso: el lago Pallantias en Libia; el río Salat en Mauritania Tingitana; Auso en Mauritania Caesariensis; el río Alonta en Georgia; el río Abas en la Albania caucásica; Salma y Salapeni en Arabia Felix; etc. Claro que para estos casos siempre cabe el recurso de negar cualquier relación de parentesco entre esas formas y sus cognatos europeos y atribuirlo todo al azar de las homofonías fortuitas. Así se sacrifican, una vez más, los datos comparativos molestos en el ara sagrada del paradigma, a pesar de que son tan numerosos y consistentes que si no mediara la fe ciega en el dogma vigente serían suficientes para articular sobre ellos un paradigma nuevo.

La opción de cada indoeuropeista entre el itinerario no-indoeuropeo y el indoeuropeo para explicar la toponimia prehistórica de Europa no está motivada por el hecho de que manejen conjuntos parciales de hidrónimos más propicios alternativamente para lo uno o para lo otro. Por el contrario, frecuentemente un mismo lote de materiales es revindicado por ambas tendencias como suyo propio. Un ejemplo extremo es el de Th. Vennemann que considera sin más como no indoeuropeo (concretamente paleo-euskera) exactamente el mismo material que usó H. Krahe para recorrer su itinerario indoeuropeo. De manera que la estructura y las características lingüísticas del material considerado tiene escaso papel en la elección de uno u otro camino, que resulta más bien condicionada por las convicciones y la adhesión en una variada gama de creencias personales, dogmas tradicionales y paradigmas científicos.

villar-vascos
Lenguas, genes y culturas en la Prehistoria de Europa y Asia suroccidental (2007). Compra el elibro (o la versión impresa, si está disponible).

La columna lingüística

La secuencia de las lenguas que se han hablado sucesivamente en un territorio cualquiera constituye lo que por analogía [con la «columna geológica»] podríamos llamar su «columna etno-lingüística».

A continuación ofrezco el listado de las lenguas detectadas en los sintagmas toponímicos composicionales (y en menor medida derivacionales) en que intervienen los apelativos ub-, up-, ab-, ap-, ur-, il-, igi, tuk-, ip-, analizados en este trabajo.

A partir de la interactuación de los diferentes estratos en palabras y sintagmas híbridos podemos, pues, establecer la columna lingüística en la Península Ibérica y sus territorios vecinos (Europa Occidental y Norte de África) con la siguiente secuencia:

1. Un primer estrato de cronología muy antigua, que en una publicación anterior he propuesto llamar arqueo-indoeuropeo. Los elementos toponímicos pertenecientes a ese estrato manejados a lo largo de este trabajo son abundantes: kerso-, turso-, alawo-, lako-, mido-, silo-, tibo-, etc. Funcionan siempre como topónimos determinantes de un apelativo de cualquier otra lengua. Nunca pone el apelativo «ciudad» (ni «río») en sintagmas híbridos. Sus topónimos (determinantes) se combinan con apelativos de las siguientes lenguas:

   a) Ibérico en Hispania o Sur de Francia: kiŕś-iltiŕ, tuŕś-iltiŕ, alaun-iltiŕte, lakunm∙ -iltiŕte.

   b) La lengua de los igi en el Sur de Hispania y quizá el Norte de África: Cantigi, Saltigi, Sagigi, Sicingi.

   c) La lengua meridional de los -il pospuestos: Mid-ili, Sil-ili, Tib-ili.

   d) La lengua de los -ip pospuestos: Lac-ipo, Ost-ipo, Vent-ipo.

   e) Celta en las Galias: kerso-ialos > Cersolius > Cerseuil; Ibili-duros > Ibliodurus.

karo-karanto
Cariensi, Carantium, Carandonis, Carae, Caraca / Caracca, Carrinensis, Cariaca, Carneus, Carula, Carlae, Carieco, Cariocieco, Caricillum, Carona, Carnona, Caranta, Carantonus / Carantana, Caronte, Carantomum / Carantomium, Carronenses / Garronenses, Cares / Carus, Caranusca, Carona, Caro vicus, Carninia, Carus, Carnutes, Carnonis castrum, Carenses, Caralis / Carallis, Carni, Carnicum, Caraceni, Careia, Carici, Carant / Carrant, Carnonacae, Carontō, Cariolum, Caritani, Carinum, Carantani, Carnuntum, Cariniana Vallis, Cariones, Careotae, Caroia, Caria, Careum, Carnae, Caran, Carnasium, Carnus, Carneates, Carnium, Carenus, Karlasuwa, Carnias, Karahna, Karna, Cariuntis, Kariuna, Careotis, Karu, Caralitis, Carus, Carnasso, Cares, Carene, Caranum, Caria, Carina, Carura, Caralis, Coralis, Carana, Carnalis, Carinum, Carnus, Carium, Carnium, Carnus Carnuntus / Carnusii, Chariuntas, Carandra, Carna, Carana, Carine, Cariatae, Caralae, Carura, Carei, Carura, Caricum, Caranis, Caralia, Carustum, Carystus, Carastasei.

Esta primera etapa arqueo-indoeuropea se corresponde por tanto también con:

Diversas variedades arqueo-indoeuropeas que tienen ab-, ap-, ub-, up- como apelativo para «río». A ellas pertenecen también numerosos topónimos (balsa-, siko-, wol‑, etc.) que actúan como primeros miembros compuestos tanto en sintagmas monoglóticos como híbridos.

Variedades arqueo-indoeuropeas en que ur- es el apelativo «río».

ab-hydronyms

2. El segundo estrato en orden decreciente de antigüedad está constituido por la lengua del apelativo igi «ciudad», si bien su presencia constatada con seguridad se limita a Hispania (especialmente meridional) y Norte de África:

   a) Pone el apeativo igi en compuestos con topónimos arqueo-indoeuropeos como en Salt-, Ast-, Olont-, Cant-, Aur- (Hispania) y Sagigi, Sicingi (Norte de África).

   b) Funciona como topónimo primer miembro de compuesto cuando el segundo es il: Igilium, Igilgili, Singili.

3. El tercer estrato es la lengua del apelativo il «ciudad»:

   a) Pone el apelativo il como determinado en sintagmas híbridos con determinantes arqueo-indoeuropeos: Mid-ili, Sil-ili, Tib-ili.

   b) Pone el apelativo il como determinado en sintagmas híbridos con topónimos determinantes igi: Igilium, Igilgili, Singili.

   c) Pone los topónimos (determinantes) frente al apelativo (determinado) de la lengua -ip (Il-ipa, Il-ipula e Il-ipla).

il-toponyms

4. En cuarto lugar está la lengua del apelativo ip- «ciudad», que pone el apelativo (determinado) en sintagmas con:

   a) Topónimo (determinante) arqueo-indoeuropeo: Lac-ipo, Ost-ipo, Vent-ipo.

   b) Topónimo (determinante) il: Ilipa.

   c) Topónimo de segunda generación híbrido de arqueo-indoeuropeo + il: Balsilippa.

   d) En los conglomerados del tipo Balsilippa y Sicilippa aparecen en la secuencia esperada los tres estratos: arqueo-indoeuropeo + il + ip.

ip-toponyms

5. En el quinto lugar de la secuencia se encuentra la lengua de los tuk-:

   a) Pone el apelativo tuk- en compuestos en que el topónimo es un elemento arqueo-indoeuropeo: Acatucci (cf. Aduatuci en Germania).

   b) Pone el apelativo tuk- «altura, cabezo» en compuestos en que el topónimo es un ip- fosilizado como topónimos: Iptuci, etc.

   c) Al menos en una ocasión un sintagma de ip- fosilizado actúa como topónimo frente a un apelativo celta: Itucodon (< Iptuco-dunum).

NOTA. Aunque Villar habla de los estratos -tuk también en Germania (Aduatukus) y las Islas Británicas (Itucodon), en ambos territorios sólo se describe un caso.

tuk-variants

6. El último lugar lo ocupa el celta:

   a) En Itucodon pone el apelativo (dunum) frente a un topónimo complejo de dos estratos anteriores, ip- + tuk-; y en Iliodurus pone el apelativo duro- frente al igualmente complejo Ibliodurus (

linguistica-cronologia-hispania
[Primera columna modificada para incluir datos de cronología relativa en lugar de absoluta]

Cambio de paradigma

Mas trabajo me costó aceptar que ub- es una variante dialectal de una conocida palabra indoeuropea para «agua, río», de la que previamente se conocían otras tres: ap-, ab-, up-. La obviedad de la correlación fonética ap- / ab- // up- / ub- junto con la razón semántica de su vinculación con los ríos, constatable sobre todo fuera de Hispania pero presente también en nuestra Península, forzaron poco a poco mi resistencia26. Y con ello caía la primera trinchera del dogma, inconmovible hasta ese momento, de que todo lo meridional en la Península había de ser no-indoeuropeo.

ub-ob-hydronyms

Junto a ese componente serial, muchos otros topónimos aislados se fueron revelando como de etimología indoeuropea muy verosímil, tanto en el Este «ibérico» como en el Sur «tartesio». De manera que la ubicuidad de lo indoeuropeo en toda la superficie peninsular comenzó a imponérseme dolorosamente. Digo dolorosamente porque yo carecía de un paradigma en el que encajar la nueva persepectiva que se abría camino en mi mente, que por lo tanto me quedaba suspendida en la nada sin nigún sostén en la teoría, dejándome la sensación de que estaba perdiendo pie. Y durante algún tiempo me resistí a aceptar las profundas implicaciones que todo ello paracía comportar.

Todas las lenguas il, en cualquiera de sus emplazamientos, exhiben un comportamiento composicional en los sintagmas toponímicos híbridos que las sitúa en todos ellos en una posición intermedia entre los estratos claramente neolíticos, con apelativos para sus asentamientos humanos semánticamente derivados de realidades hídricas (ur), y los claramente atribuibles a la Edad del Bronce con apelativos derivados de asentamientos en alturas (briga, dunum). Pero en ese segmento intermedio de la columna se suceden tres estratos: 1) il, 2) ip-, 3) tuk-. En Andalucía hay uno adicional: el estrato igi, de semántica opaca, que precede inmediatamente al estrato il.

or-ur-hydronyms
Hidrónimos en -or-, -ur-.

Para postular que alguno de los estratos toponímicos de nuestra columna implique efectivamente un estrato lingüístico nuevo serán necesarios ciertos requisitos adicionales. Uno de ellos es que, además del apelativo en cuestión, las lenguas involucradas compartan otros rasgos que no podría haberse prestado, como es por ejemplo el muy preciso del orden de elementos en los compuestos Topónimo + Nombre coexistiendo con Nombre + Adjetivo. O el compartir elementos léxicos adicionales que no suelen ser objeto de préstamos, como los adjetivos semánticamente básicos beri «nuevo» y bels «negro».

Desgraciadamente el método toponímico, al igual que el Método Comparativo mismo, no tiene capacidad para establecer cronologías absolutas precisas. (…)

Cronología lingüística

old-european-hydro-toponymy
Hidrotoponimia arqueo-indoeuropea. Datos bálticos compensados. Método estadístico Kriging.

En Europa (Hispania, Sur de Francia, Germania, Islas Británicas, Báltico) el estrato más antiguo que podemos identificar lo constituyen un numero indeterminablede arqueo-variedades de la macro-familia indoeuropea, que no tienen una relación de filiación local directa con las lenguas indoeuropeas históricas, en la medida que podemos constatar. De hecho hemos visto que los indicios estratigráficos nos llevan a considerar la principal lengua indoeuropea prerromana de Hispania, el celta, como un estrato posterior al de la lengua il, que a su vez es posterior a las arqueo-variedades indoeuropeas peninsulares.

En África del Norte hay también presente un estrato arqueo-indoeuropeo. Pero allí existe además un estrato no-indoeuropeo muy antiguo cuya identidad no puedo definir a través del material utilizado. Tampoco me ha sido posible establecer antigüedad relativa de uno y otro en suelo africano.

Otra de las lenguas involucradas, la que tiene il- como apelativo para «ciudad» en el Suroeste de Hispania y el Norte de África, podría tener algún tipo de relación de parentesco con el euskera por una parte y el ibero por otra, pero de la misma forma indirecta que acabo de señalar para las arqueo-variedades indoeuropeas respecto a las lenguas indoeuropeas históricas. O dicho en otros términos: la(s) lengua(s) de los topónimos il- tratados en este trabajo serían arqueo-variedades de una familia lingüística a la que pudieran haber pertenecido dos lenguas históricas conocidas, el ibero y el euskera, sin que podamos establecer una relación de filiación directa ni entre esas dos lenguas históricas entre sí ni entre cualquiera de ellas y las arqueo-variedades il- de la toponimia prehistórica. Sobre este punto volveré en un próximo capítulo.

linguistica-cronologia-africa
[Primera columna modificada para incluir datos de cronología relativa en lugar de absoluta]

En líneas generales el celta no tiene en sus sedes históricas el comportamiento onomástico de una lengua ancestral sino el de una lengua intrusiva, cuya presencia allí no sólo es más reciente que otras variedades indoeuropeas, sino también posterior a la de diversos estratos no indoeuropeos que se ubican entre el más antiguo detectado (arqueo-indoeuropeo) y el último de los prerromanos, que es el propio celta. Si solo detectáramos dos estratos, el arqueo-indoeuropeo y el celta, cabría discutir si es posible que ambos sean uno y el mismo de manera que lo que definimos como celta no sea sino la evolución moderna in situ del arqueo-indoeuropeo. Pero ejemplos como los de kiŕśiltiŕ, kerso-ialos, Cirsa o Itucodon, entre muchos otros analizados a lo largo de este libro lo hacen poco verosímil. Y, por añadidura, la intermediación de varios estratos en la columna entre la lengua arqueo-indoeuropea de los Cirsa, así como la mayor antigüedad en territorio hispano, galo y británico de las lenguas de los ip- y de los tuk- sobre el celta, define a éste último como un estrato nuevo y más reciente que los antedichos, que irrumpió en sus emplazamientos históricos durante la Edad de los Metales.

Como la Arqueología sigue negando la existencia de movimientos poblacionales de una cuantía digna de consideración en la Edad de los Metales, es obligado confesar que el Problema Indoeuropeo sigue intacto. Es comprensible que ante esta aporía, muchas mentes a las que incomoda convivir con las dudas, prefieran adoptar un credo (el tradicional, el neolítico o el continuista) y exponerlo como una certeza a sus alumnos en las aulas o a sus colegas en conferencias y publicaciones. No es mi caso. Para mí, con Voltaire, «le doute est désagréable, mais la certitude est ridicule». O con Manzoni: «E men male l’agitarsi nel dubbio, che riposar nell’errore».

Este artículo se continúa en Hidrotoponimia europea (II): vascos, iberos y etruscos tras arqueo-indoeuropeos.

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David Reich acerca de la desigualdad social y la expansión de Yamna en Iberia con el haplogrupo R1b-M269

Interesante artículo de David Reich que me perdí en su momento, en Nautilus, Social Inequality Leaves a Genetic Mark.

Explora una de las cuestiones principales que han surgido con el análisis de ADN antiguo, la mayor reducción de linajes ADN-Y en relación con los del ADNmt, y su explicación más probable (sobre la que yo ya he hablado recientemente (en inglés)).

Algunos párrafos interesantes para la cuestión indoeuropea (énfasis mío):

La reconstruccion de Gimbutas ha sido criticada como fantástica por sus críticos, y cualquier intento de pintar una imagen vívida de cómo era una cultura antes del periodo de los textos escritos necesita ser vista con cautela. Sin embargo, datos de ADN antiguo han mostrado que la cultura yamna era una sociedad en la que el poder estaba concentrado en manos de una elite masculina formada por un pequeño número de linajes masculinos. Los cromosomas Y que llevaban los yamna eran casi todos de unos pocos tipos, lo que muestra que un número limitado de hombres debieron ser extraordinariamente exitosos en expandir sus genes. Por el contrario, en su ADN mitocondrial, los yamna mostraban secuencias diversas.9 Los descendientes de los yamna o sus parientes cercanos expandieron sus cromosomas Y en Europa y la India, y el impacto demográfico de esa expansión fue profundo, dado que los tipos de cromosoma Y que llevaron estaban ausentes en Europa y la India antes de la Edad del Bronce, pero predominan hoy en ambos lugares.13

Esta expansión yamna no pudo ser del todo pacífica, como demuestra el hecho de que la proporción de cromosomas Y de origen estepario en ambos Europa occidental14 y en la India15 hoy es mucho mayor que la proporción del resto del genoma. Este predominio de componente ancestral masculino venido de la estepa implica que los descendientes masculinos de los yamna con poder político o social fueron más existosos al competir por parejas locales con hombres de grupos locales. El caso más llamativo que conozco es de Iberia, en la parte más alejada del sudoeste europeo, donde el componente ancestral derivado de Yamna llegó de repente al comienzo de la Edad del Bronce hace entre 4,500 y 4,000 años. El laboratorio de Daniel Bradley y el mío han producido ADN antiguo de forma independiente de individuos de este periodo.14 Hemos encontrado que en los primeros iberos con componente ancestral yamna, la proporción de dicho componente ancestral a través de todo el genoma nunca es mayor al 15 por ciento. Sin embargo, alrededor del 90 por ciento de hombres que tienen componente yamna muestran un tipo de cromosoma Y de origen estepario, ausente de Iberia antes de ese momento. Está claro que había en juego jerarquías y desequilibrios de poder extraordinarios en las expansiones de los yamna.

A David Reich claramente no le importa un bledo cómo otras personas puedan reaccionar a sus comentarios. Me parece estupendo.

En cualquier caso, por si alguien todavía está en la fase de negación, el haplogrupo R1b-M269 se expandió con la cultura yamna (a través de la expansión del campaniforme oriental) en Iberia, así que sí, el 90% de los linajes paternos vascos modernos tienen su origen en la estepa, como el caso de R1b-DF27 encontrado recientemente, y su antecesor común habló protoindoeuropeo tardío.

Hallazgos como estos, que deberían tomarse como desarrollos normales de la investigación, son al parecer aún un trauma para muchos – como los fans del R1a de la India dándose cuenta de que la mayor parte de sus antepasados paternos vinieron de la estepa, o sus fans del norte de Europa viendo que sus antepasados paternos probablemente hablaban lenguas urálicas o emparentadas; o fans del N1c dándose cuenta de que sus antepasados paternos probablemente no hablaban lenguas urálicas. Parece que la vida no es justa con las ideas etnolingüísticas simplistas y estúpidas

Ya veremos qué haplogrupos ADN-Y encontramos en yamna occidental, para comprobar si el último modelo del Reich Lab de migración del PIE tardío (imagen destacada) es correcto.

Aprovecha para leer también la noticia de la BBC sobre David Reich y Nick Patterson, los dos investigadores más influyentes del momento en genómica humana: How ancient DNA is transforming our view of the past.

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